“Mirar infinitamente”. Ideas para la reflexión por Ana Bolívar

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A pocos días de la inauguración de mobile eyephoneography, nos sumergimos en la relectura del catálogo  eyephoneography #2 y os ofrecemos la contribución de Ana Bolívar de la Fnac. Sus reflexiones suponen un posicionamiento, a la vez provocador y realista, sobre la situación actual de la fotografía en general y de la fotografía móvil en particular. ¡Os deseamos una feliz lectura!

“Mirar infinitamente” por Ana Bolívar *

Un mundo saturado de imágenes

Hoy, tanto los profesionales como el público en general, podemos conocer por Internet el trabajo de cualquier autor sin que nos llegue necesariamente a través de una agencia, un comisario o un editor, y sin que haya una barrera previa que nos impida conocer su obra. Podemos acceder a una imagen provenga de donde provenga y haya sido realizada de la forma que haya sido realizada. Esto, que puede ser muy positivo, conduce en ocasiones a valoraciones precipitadas y sin criterio en las que todo cabe y donde faltan unas coordenadas a las que agarrarse o de las que desprenderse.

Afortunadamente han ido surgiendo blogs y revistas online especializadas, dirigidas por personas con conocimiento, donde se recomiendan y reseñan obras siguiendo un criterio y un punto de vista muy concreto. Estas páginas publican entrevistas y artículos de fondo, y recuperan el análisis y la reflexión en el arte fotográfico.

Cuanta más obra hay al alcance de todos, es necesario también que haya más personas capacitadas que pongan cada cosa en su sitio, para que luego uno pueda formarse una opinión sobre lo que ve. Me gusta o no me gusta debe ser algo que parta del conocimiento, la experiencia y la intuición (y “la intuición hay que merecerla”, dice Luis González Palma), no de un impulso (o compulsión) en el que se vota antes incluso de haberse descargado del todo una imagen.

Tan negativo como cerrarse es abrirse a todo sin condición. No todo merece ser expuesto en una sala, no todo ha de ser publicado. La supuesta facilidad con la que “cualquiera puede ser fotógrafo” nos expone a tal avalancha de imágenes que, desgraciadamente, buenos trabajos y autores interesantes pueden olvidarse rápidamente o pasar desapercibidos.

Fotografiar con un teléfono

A mí me cuesta mucho hacer retratos con una cámara sin visor. Me siento incómoda porque me falta el acercamiento con el retratado que solo consigo si no veo nada más. Estoy perdida, expuesta y vulnerable ante un campo abierto. Joseph Koudelka afirma que después de tantos años de fotografiar, ya no necesita mirar por el visor. Ha interiorizado tanto el proceso que ya no lo necesita. Pero la mayoría de los fotógrafos que ahora disparan sin mirar y sin pensar, no han pasado por lo que ha pasado Koudelka. ¿No estamos intentando saltarnos una gran parte del proceso?

Walker Evans dijo que nadie debería coger una Polaroid hasta haber cumplido los 60 años. A él le llegó a sus manos habiendo realizado una gran obra y las fotos que hizo con ella son un experimento vibrante y lleno de poesía. Obviamente no hay ni habrá muchos Walker Evans, pero cualquier cámara, en manos de un fotógrafo con talento y experiencia, se puede convertir en un instrumento mágico y maravilloso.

Hate using hair dryer, Ana Bolívar

El fotógrafo con móvil generalmente actúa primero y luego decide, por lo que ha de entrenar especialmente su sensibilidad. Conocer la obra de otros autores, sumergirse en la de algunos, abrirse a otras disciplinas y cultivarse en varias materias puede ser aún más importante en la era de la fotografía y retoque digital.

Me han sorprendido mucho algunos trabajos de los que se exponen en eyephoneography #2. Hasta ahora había visto propuestas generalmente en color, con temas muy superficiales, imágenes sueltas sin discurso, la fotografía móvil como un entretenimiento más que como una forma de expresión. Pero he descubierto que se han ido generando trabajos completos, con personalidad y con un sentido. ¿Es posible que algún día surja, por ejemplo, un Enrique Mentinides de la fotografía móvil? Ahora parece algo poco ético, centrar tu trabajo en fotografiar terribles sucesos con el teléfono. Pero hay muchos fotógrafos documentales, algunos que están cubriendo conflictos bélicos, que ya usan cámaras digitales compactas y móviles. Y quizá surja un fotógrafo documental global, muchos usuarios que una vez en la vida hacen una gran foto y crean un gran reportaje colectivo que retrata el mundo. Ya hay proyectos así.

Work in progress

Hay algo que me preocupa especialmente y que no sé cómo se puede remediar. El fácil acceso a la obra de infinidad de autores, casi en el momento en el que se está generando, puede crear un efecto de autocensura. He visto a fotógrafos abandonar un proyecto o una búsqueda al encontrase casualmente con otro fotógrafo que está haciendo algo similar o con una mirada parecida. Esto antes no sucedía así. Los artistas seguían sus caminos, generalmente ajenos a la obra de los demás, y luego los expertos encontraban las similitudes entre ambos, mucho después, y sin connotaciones negativas. Hoy podrían tacharte de plagiador o poco original.

Vuelvo a Koudelka y hago referencia al título de este texto. En una interesante entrevista con Frank Horvat, afirma que “una buena fotografía es aquella con la que puedes convivir”. Cuando se establecía alguna temporada larga en un mismo lugar (algo poco frecuente), imprimía alguna de sus fotos y la ponía en la pared. Si pasado un tiempo no le cansaba, si podía vivir con ella ahí colgada todo el tiempo, es que era una buena foto.

Es un buen ejercicio cuando el scroll se mueve más rápido que el ojo. Rocío Nogales, organizadora de eyephoneography, incide en la importancia del papel en la era del píxel. Por eso esta muestra y este catálogo. Al menos durante un tiempo nos podremos permitir dar a estas fotografías y a nuestra mirada el reposo que merecen.

“La fotografía es el medio más sencillo y a la vez el más complicado, y eso es lo que la hace interesante”, dice Martin Parr. Y ahora que es más sencillo que nunca, tal vez sea también más complicado que nunca. Interesante.

Hija de colombianos, Ana Bolívar nació en Madrid en 1976. En 1997 comenzó su trayectoria como fotógrafa en el periódico El Tiempo de Colombia y en 1998 en el Diario de Soria. Es licenciada en Periodismo (Universidad Complutense de Madrid) y trabajó durante más de 3 años en la agencia de comunicación Burson-Marsteller. Desde 2003 trabaja en ClubCultura.com, el portal cultural de Fnac España, y hasta principios de 2008 fue editora gráfica y fotógrafa de su revista impresa ClubCultura. Ha publicado sus retratos en las revistas Playboy México, La Mano (Argentina), Dominical, Rockdelux, Go, Spanorama… entre otras. En 2007 participó con sus fotografías en la exposición colectiva Estupor y temblores’, un homenaje a la escritora belga Amelié Notomb, y en ‘Yo soy La Juani’, otra muestra colectiva de fotografías del rodaje de la película de Bigas Luna. Actualmente es Coordinadora de Exposiciones de Fnac España, además de editora gráfica y fotógrafa freelance dentro del colectivo internacional Goodfellas Network.

* Del catálogo eyephoneography #2 (Madrid 2011, ISBN: 978-84-614-9696-9, disponible en eyephoneography.com)

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